Star Wars: Tales of Redemption

Primeras Lecciones

Para cuando QuickSilver acude a su camarote a reponer algo de bebida, Iván ya ha bebido más de lo que sería estrictamente recomendable. Iván sonríe pensando en la cara que pondrá QuickSilver cuando descubra que le ha metido mano a su reserva personal. En realidad, la descubre pronto:

-¿tenías que coger una botella para llamarme?

El aspecto de Iván puede que hubiese sido digno en algún momento. Pero no ahora: medio borracho, con la armadura dándole un calor del infierno y a punto de caerse dormido. Parece que espabila de golpe, se pone de pié, y se da cuenta de que tiene la botella en una mano y la pistola en la otra. Tenía pensado algo que decir. Seguro que sí, pero la presencia del capitán del Hammer of Wrath le ha dejado la mente en blanco.

-¿se te ha comido la lengua el gato, muchacho?

No –reacciona Iván, es que estoy intentando digerir este matarratas tuyo.

-No es para críos.

Iván ofrece la botella a QuickSilver, quien la agarra sin darle demasiada importancia al blaster que el técnico tiene en la otra mano. Da un trago. Largo. Larguísimo, enseñando una lección de cómo se bebe.

-Bueno, ¿me vas a explicar toda esta payasada de la armadura? ¿esperas que nos liemos a tiros?

-Ya me has apuntado a la cara dos veces con la pistola. Creo que a la próxima, podrías decidir apretar el gatillo. Especialmente cuando te diga que creo que eres un asesino sin escrúpulos al que se la pela todo, y que eres precisamente el tipo de escoria que me he prometido a mí mismo combatir hasta el último aliento.

-Tú no eres muy listo, ¿verdad?

Iván muerde el anzuelo y estira el brazo para coger la botella que se le ofrece. Sabe que QuickSilver le está provocando. Un tiroteo en aquella sala ionizada no le vendría bien a nadie. Iván tiene las de perder, evidentemente, pero sabe que, simplemente disparando una docena de veces a cualquier muro de la galería, convertiría un supuesto duelo en una ruleta rusa.

Mi profesor era listo confiesa, yéndose por la tangente. Era muy listo. Y no pudo evitar que le matasen. He de reconocer que se las apañó bastante bien para poder decidir cómo y cuándo morir, pero por muy inteligente que fuese, sus enemigos pudieron con él. Era un buen hombre. Al menos con sus alumnos. Luego aprendí que no todo es lo que parece. El Bueno del Profesor había sido un bastardo de mucho cuidado. Se han hecho cosas atroces en aquel laboratorio. Y ahora estoy en esta nave, con unos compañeros que no dejan de ser unos piratas al servicio del pirata mayor de la galaxia, y no puedo dejar que mi… que mi…

-¿tu talento?

Iván devuelve la botella, confuso.

-…Talento, don, conocimiento… Llámalo como quieras. Es lo único que tengo. Y no quiero que esté al servicio de quien se dedica a extender dolor por la galaxia. Ya hay demasiado de eso.

- Mira, chico. Tienes razón en una cosa. Estás rodeado de escoria. Putas, strippers, inadaptados, desertores… Y un asesino. Todo eso es verdad. Pero si alguien entrara en esta habitación y te mirara de arriba abajo, pensaría que no eres diferente al resto. Pero claro, debes pensar que eres el único que es más de lo que parece. Ahí fuera tienes a una que fue obligada a prostituirse, a un niño que creció sin una figura paterna, a una espía que dejó el Imperio por sus principios éticos… ¿Por qué no dejas la botella y subes a conocerlos un poco? Quizá te des cuenta de que no es oro todo lo que reluce, ni toda la gente errante anda perdida.

Quicksilver se gira para marcharse. Se detiene en la puerta de la bahía de carga, mira su gabardina, estira las mangas y dice:

- Por cierto, un buen trabajo. Sí señor.

Y se marcha, mientras sus pasos resuenan en la sala magnética, como espuelas de metal.

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Sylune

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